Redoblar la escuela es lo que hay que hacer, porque a los que llaman “fracasados escolares” se les queda pequeña y una escuela canija no sirve para el sueño de la igualdad. La constitución italiana – como la nuestra – reconoce y declara que “todos somos iguales y tenemos los mismos derechos”. No está mal, pero añade algo más, muy importante, que viene a decir: “la República se compromete a retirar los obstáculos que impiden que lo anterior sea completamente verdadero” (art. 3º).