No he sido scout. En mi niñez se llevaba ser de la OJE (Organización Junvenil Española), pero, afortunadamente, no me dio por meterme en ella. Por dos motivos principales: se cruzó el fútbol, que unido a los estudios, la pandilla y la parroquia del barrio, ya era más que suficiente para un chaval de barrio como yo. Y, por otro, a nuestros padres obreros eso de la OJE no les sonaba más que falangismo puro y duro. Y tenía razón. Los scouts, sin embargo, eran otra cosa.