![]() |
Año: 2026 , Número: |
| Tabla de contenidos |
Todas direcciones apunta esta vez hacia una realidad decisiva para la vida cotidiana de cualquier centro educativo: el papel de directoras, directores y equipos directivos. Resulta difícil imaginar una escuela en buen funcionamiento sin una dirección sólida y cohesionada, con la complicidad de un claustro que, en idéntica sintonía, trabaje unido, coordinado y comprometido con un proyecto educativo compartido. Buena parte del clima del centro, de la capacidad de innovación, de la relación con las familias o del acompañamiento al profesorado depende de ello.
En esta ocasión, más que insistir en discursos teóricos sobre liderazgo, gestión o funciones directivas -ya suficientemente repetidos- hemos querido escuchar experiencias concretas. El Eje de este Educar(NOS) reúne un conjunto de testimonios de directoras y directores a pie de obra que comparten sus dudas, dificultades, búsquedas y aprendizajes cotidianos. Les hemos pedido que nos cuenten cómo afrontan los problemas de sus centros, cómo dinamizan y motivan a sus claustros, cómo se relacionan con la Administración, el Consejo Escolar y las familias, cómo lidian con la engorrosa burocracia, cómo intentan mejorar su proyecto educativo de centro, cómo reivindican sus necesidades o gestionan los propios recursos eficazmente y sin excesivos personalismos, para que con la mejor organización y funcionamiento posibles, el centro alcance los fines y objetivos pedagógicos propuestos.
Experiencias reales que probablemente tengan mucho más que decirnos que tantos discursos abstractos sobre dirección escolar.
Aunque este número se centre sobre todo en experiencias positivas, no podemos obviar que las cosas son bastante más complejas de lo que a menudo se dice. Junto a equipos directivos estables, comprometidos y con claras convicciones pedagógicas, encontramos también direcciones irrelevantes, excesivamente burocratizadas o alejadas de la realidad socioeducativa de sus centros. En otros casos, el autoritarismo, la rigidez normativa o la ausencia de participación terminan generando malestar, división, apatía o desgaste entre los claustros.
No son pocos los casos en los que la Administración o la titularidad del centro terminan imponiendo una dirección ante la falta de personas dispuestas a asumirla, porque no resulta una atractiva oportunidad de crecer profesionalmente, sino una vía problemática, difícil de ejercer y, sobre todo, ingrata, hasta el punto de que, a menudo, no compensa el esfuerzo y la responsabilidad que conlleva.
- Inicie sesión o regístrese para enviar comentarios

